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viernes, 1 de febrero de 2013

Soledad

Esta vez me he permitido escribir una narración para ilustrar la foto. Como sé que me visita gente que escribe  muy bien, espero sus críticas y consejos.


... ciento cuatro, ciento cinco y ciento seis, están todas, todas las viñas singuen en su sitio como las dejé ayer cuando oscurecía – Pensó taciturnamente. Otro día despejaba la oscuridad de la noche y empezaba a calentar sus nudosas y ásperas ramas con débiles rayos de un sol de Febrero. Otro día esperando. Esperando ¿el que?, ¿Qué pasen los días, las estaciones, los años… otro siglo? La desesperanza llenaba su viejo rugoso corazón.
-¡Que solo estoy! No tengo a ningún igual para que me haga compañía. Me acuerdo cuando éramos muchos y no parábamos de murmurar cuando soplaba la brisa fresca de la sierra. Y cuando los hombres se arremolinaban entre nosotros para recoger nuestros frutos. Ahora estoy yo solo y ni mis frutos quieren coger… Míralos todos tirados a mis pies.    
- Si pudiese arrancar mis raíces de esta tierra y moverme… iría a, no se, a una selva tropical. Allí abundan los que son como yo, ¡hay miles de millones! O mejor, me iría a un parque. Allí siempre hay niños que se me subirán y quien sabe, con un poco de suerte, igual hasta me eligen a mí para poner en mis ramas una caseta. No me faltaría entretenimiento. ¡Decidido me marcho!- He hizo un ademán para arrancar una de sus raíces. Con el temblor del esfuerzo una pareja de perdices salió asustada de un hueco de su tronco. Miró y se quedó sorprendido al ver que habían hecho un nido dentro de su tronco y en él había dos huevos pequeños y moteados. Por un momento se le estiró el semblante y la sonrisa que tenía se apagó de inmediato.
- Si me voy, ¿Qué pasará con estos pollitos? Los padres tendrán que irse y ya no se escuchará más su canto en época de celo. ¡Con que le gusta al pastor escucharlo! Un momento, el pastor todos los días se sienta a mi sombra a descansar y vigilar de sus ovejas, si me marcho buscará otro sitio para dar de pastar a sus ovejas, donde tenga un árbol para resguardarse del sol de verano. Y si no vienen las ovejas la hierba crecerá más de la cuenta y le quitarán todos los nutrientes a las vides… Las vides ya no serán rentables para los humanos y seguro que dejan de trabajarlas, o peor aún, las pueden arrancar.
Se quedó quieto por un instante e hizo otro gran esfuerzo, pero esta vez fue para hundir más sus raíces en esa tierra en la que nació y que tanto se deben mutuamente. Comprendió que la felicidad está en compartir tu vida con los tuyos y que lo que nos une a un sitio no son nuestros pies.
 


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